Un amor onírico... Mi conchita de mar

Hola..... niña... quise escribir algo para sacar un poquito de lo que siento en mi alma.... y he deseado platicarte un poco, para aliviarla de tantas y tantas cosas que se encuentran dentro de ella... pero espera un segundo, antes de empezar quisiera decirte que me gusta mucho llamarte "niña...", pero siento tan hermoso cuando puedo decir "mi niña...". Y es que pongo tanto en esas palabras que desearía decirlas tal cual salen de mi corazón...
Quiero platicarte lo que sucedió en una noche muy larga, en que no fue fácil conciliar el sueño..... y es que tanto pensaba en tí que mi cuerpo no podía permitirse la libertad de sentirse cansado ni mi mente tenía siquiera tiempo de sentir el sueño... pues era más importante y gozoso para el Redondo soñar despierto... recordar y agradecer cada detalle -por insignificante que este pudiera parecer- que mi niña Nohemí me ha regalado en tan poquito tiempo.
Pensé mucho.... y muy bonito. Tuve casi la seguridad de que existes junto a mí desde el primer suspiro de aire que entró en mi cuerpo, casi llegué a pensar que con él habías entrado tú a mi vida... y es que me pareces tan especial y delicada, tan familiar... como si te conociera de años atrás... como si siempre hubieras estado tan cerquita. Sabes, no siento mas que paz y tranquilidad cuando estoy hablándote, nada puede ser tan fuerte para molestar mi tranquilidad en esos momentos; antes me sentí tranquilo y pensé que conocía la paz... hoy descubro con asombro que lo de antes no se llamaba así, pues esta paz verdadera que ha encontrado mi alma es tan exquisita que sólo puede ser comparada a la que nos regala Dios cuando escuchamos su salmo 23.
Así, en la profundidad de este pensamiento y otros tantos parecidos, fue que transcurrió gran parte de la noche... de pronto, un suave olor a jazmín empezó a entrar por mi ventana... -por la ventana de mi corazón, permíteme aclarar este punto- y fue entonces cuando un extraño hechizo empezó a apoderarse de mí y un dormirse sin cansancio se hizo dueño del Redondito. Y el Redondo tuvo un sueño, y esto fue lo que soñó:
Se encontraba de pronto entre humo blanco, de un aroma muy delicado... parecía que caminaba, pero sus pies no experimentaban cansancio ni dificultad alguna para andar. Así, se encaminó directo a la única persona que se miraba a la distancia, para preguntarle su paradero. Cuando al fin llegó con esa persona, pudo observar perfectamente la bondad que se desbordaba de su rostro, su mirada era tan linda que de inmediato aliviaba de cualquier mal que pudiera sentir el alma. Se veía envuelto en una luz muy intensa que no lastimaba a los ojos, por el contrario, invitaba a la mirada a reposar en ella. Su ropa era blanca, más blanca que el marfil, su bastón de un negro intenso sólo comparable al color de su cabello y las manos del hombre aquél se asomaban por entre los pliegues de su ropa. Ese hombre le habló al Redondo con voz dulce pero firme y le dijo: "He aquí y ahora que una hermosa niña ha sido escondida en una concha. Se trata de una niña tan dulce como el néctar de las flores y tan ligerita como el aleteo de la mariposa... Deberás encontrarla y cuidarla mucho; búscala muy bien cerca del mar y sumérgete tantas veces como sea necesario en ese mar llamado vida, hasta que la hayas encontrado. No olvides, sin embargo, que el resultado no está en la recompensa, sino en el esfuerzo realizado bajo la mirada de Dios... así que anda y descubre si es posible hallarla con los ojos del alma muy abiertos". De pronto sentí una gota de sudor recorrer mi frente y me desperté emocionado... estaba solitario en la tranquilidad de la noche y una tenue luz entraba desde la calle hasta mi cama...
Transcurrió un largo rato entre meditaciones y reflexiones profundas... ¿quién sería esa niña tan celestial de la que hablaba el hombre de blanco? ... ¿qué debía hacer para encontrarla...? ¿cómo la reconocería...? ¿sabría ella quién soy...? La dificultad para encontrar respuestas me fue llevando lentamente, sin que yo pudiera notarlo, a un nuevo sueño... y el Redondo se quedó dormido y he aquí lo que esta vez soñó:
Me encontraba a bordo de una balsa, en medio de un mar tranquilo... el sol caía a plomo y hacía languidecer a todo ser viviente que en ese instante estuviera bajo su inmenso poder. La espuma blanca del salado océano, salpicaba mis brazos a cada nuevo impulso que le daba a los remos. De pronto una suave brisa empezó a tocar mi rostro, y más tarde sentí granitos de arena muy finos adherirse a mis brazos humedecidos por la espuma. Me di cuenta de que había entrado en una hermosa bahía, donde el mar parecía estar aún más tranquilo; las aves habían notado ya mi presencia y volaban en graciosos círculos acompañando mi desembarque con sus dulces trinos. Cuando al fin logré atar la balsa a una palmera que reposaba cerca de la playa, me encaminé hacia el mar hasta que ya no pude sentir la arena con mis plantas; tal ves unos veinte metros más adentro vi en mi sueño cómo me sumergía en busca de algo desconocido. Sólo burbujas de aire se miraban en torno al lugar en que me hundiera... y mucho tiempo había pasado y yo no salía. Una angustia indescriptible empezó a apoderarse de mí, cuando para fortuna mía me observé nuevamente en la superficie. ¡Tenía una conchita en mis manos! Comprendí finalmente lo que estaba haciendo en ese lugar, mas sin embargo, fue indescriptible mi tristeza al ver que lo único que había dentro de esa concha era una perla. La perla más maravillosa que mis ojos hubieran observado, no obstante que cualquier hombre habría delirado de felicidad por tan majestuoso hallazgo, el Redondo llenó sus ojos de lágrimas porque buscaba algo infinitamente más valioso... y fue así, con ese sobresalto, que volvió a despertar.... y pudo ver la luna brillando maravillosamente en medio de la noche... y las estrellas parecían comprender su sueño y se quedaron muy calladitas mientras las observaba, mas cuando me volví a mi cama, las escuché hablar entre sí y decirse: ¡cuánto daría ese muchacho, tal vez hasta su vida, por encontrar la conchita con la niña más dulce!...
Y nuevamente sucedió que envuelto en sus propios pensamientos y reflexionando en las palabras de las estrellas y en el por qué las flores más bellas crecen junto a los precipicios y los árboles más pequeños y perfectos viven en el fondo de las cañadas. Fue así que nuevamente el Redondo se quedó dormido... y soñó... y esto fue lo que soñó:
Creyó que se encontraba en un bosque. El olor a tierra mojada era indescriptible, el musgo verde crecía en las bases de los altos árboles. El canto de las aves era diferente al que había escuchado en la playa, ahora era más robusto ese murmullo... sí, más bien era así, como un murmullo de cantos de diferentes pajarillos. Aunque el aire corría muy fresco, no hacía frío... aunque los rayos del sol se colaban por en medio de las ramas, no hacía calor. Así caminaba el Redondo, cuando empezó es escuchar una melodía encantadora... caminaba y la música le parecía más bella... caminaba y la música le parecía más cálida... caminaba y le parecía que estaba más cerca. Anduvo por mucho rato, tratando de dar con el origen de esa melodía, hasta que de pronto se encontró perdido, en lo más profundo de ese bosque. La melodía era sencilla, sonaban exquisitos los violines, se repetía el tema central una y otra vez, mostrando en cada nueva repetición bellezas sonoras que al principio ni siquiera se sospechaban. Al fin, di con el origen de la música, en medio de los arbustos se encontraba una traviesa ardilla, en cuyas peludas manitas se encontraba la concha más pequeña que se hubiera visto... ¿qué hacía en medio del bosque? no lo sé... mis sueños no se han caracterizado por ser muy congruentes con la realidad... pero juro que ahí estaba. Desde luego traté de acercarme al animalito, pero apenas advirtió mis intenciones, corrió veloz hacia su morada, en lo alto de un arbolito de tamaño mediano. Ahí fue donde por fin, colocó la concha cerca de otro de sus tesoros, una graciosa cascarita de nuez que algún turista distraído dejó caer al caminar por esa senda. Así fue pues, que desperté de este tercer sueño, con una sonrisa en el rostro... Aún no aparecían totalmente los rayos del sol, ni desaparecían por completo las estrellas, así que entre sonrisas y lagrimitas de felicidad me volví a quedar dormido... soñando por cuarta vez, y esto fue lo que miré:
Me encontré nuevamente en el mismo lugar celestial, aquél en que las huellas parecen borrarse al retirar el pié; aquél lugar en donde el tiempo parece detenerse y se respira el aire más puro y limpio que jamás se imaginara el hombre. Caminé sin saber a dónde dirigirme, mas mis pasos ya iban guiados por alguien superior y no podían perderse. Caminaba siendo guiado por mi Pastor, por caminos delicados... junto a aguas de reposo... me guiaba por sendas de justicia por amor a Su Nombre... y recordé las palabras más bonitas que me han dicho, palabras que ningún hombre quizá habría podido encontrar más hermosas que yo... Al fin llegué con el mismo viejito del sueño primero. Y esto fue lo que me dijo: "Has tenido la dicha de encontrar la conchita... ahora, dependerá de tí que se conserve en tu corazón. Deberás ser bueno y cuidarla mucho, porque es única y especial". Entonces mi rostro palideció y mis manos temblaron, sentí miedo de perderla y sufrí mucho en un instante; pero él me miró y sonriente me hizo saber que la conocí porque Dios sabía que podría cuidarla y en mi confía. Finalmente desperté y agradeciendo de todo corazón a Dios, bendije el nombre de esa niña y me prometí cuidarla mucho, para que siempre desee hablar conmigo....
Así fue como en una sola noche realicé el viaje más maravilloso de mi vida, la noche en que me pude conocer más a mí mismo y la noche en que adoré con más devoción a Dios, pues había aprendido que vale más la conchita que la perla, los sentimientos que las riquezas, los sueños que las cosas materiales. Y ahora sé que por eso la flor crece cerca del abismo y el árbol más perfecto en el fondo de la cañada, porque se necesita mucho valor para ir a tomarlos. Y cuando uno finalmente se anima a tocarlos con las manos, se da cuenta de que jamás les podría hacer daño y solo se es capaz de pedir bendiciones y cosas buenas para ellas.... y cuidarles como el tesoro más maravilloso que se pueda tener.... y así cuidaré de esa conchita que he soñado por tanto tiempo....
Con toda la ternura del mundo:
El Redondo que te soñó.... y que mucho te quiere.
Adán
Quiero platicarte lo que sucedió en una noche muy larga, en que no fue fácil conciliar el sueño..... y es que tanto pensaba en tí que mi cuerpo no podía permitirse la libertad de sentirse cansado ni mi mente tenía siquiera tiempo de sentir el sueño... pues era más importante y gozoso para el Redondo soñar despierto... recordar y agradecer cada detalle -por insignificante que este pudiera parecer- que mi niña Nohemí me ha regalado en tan poquito tiempo.
Pensé mucho.... y muy bonito. Tuve casi la seguridad de que existes junto a mí desde el primer suspiro de aire que entró en mi cuerpo, casi llegué a pensar que con él habías entrado tú a mi vida... y es que me pareces tan especial y delicada, tan familiar... como si te conociera de años atrás... como si siempre hubieras estado tan cerquita. Sabes, no siento mas que paz y tranquilidad cuando estoy hablándote, nada puede ser tan fuerte para molestar mi tranquilidad en esos momentos; antes me sentí tranquilo y pensé que conocía la paz... hoy descubro con asombro que lo de antes no se llamaba así, pues esta paz verdadera que ha encontrado mi alma es tan exquisita que sólo puede ser comparada a la que nos regala Dios cuando escuchamos su salmo 23.
Así, en la profundidad de este pensamiento y otros tantos parecidos, fue que transcurrió gran parte de la noche... de pronto, un suave olor a jazmín empezó a entrar por mi ventana... -por la ventana de mi corazón, permíteme aclarar este punto- y fue entonces cuando un extraño hechizo empezó a apoderarse de mí y un dormirse sin cansancio se hizo dueño del Redondito. Y el Redondo tuvo un sueño, y esto fue lo que soñó:
Se encontraba de pronto entre humo blanco, de un aroma muy delicado... parecía que caminaba, pero sus pies no experimentaban cansancio ni dificultad alguna para andar. Así, se encaminó directo a la única persona que se miraba a la distancia, para preguntarle su paradero. Cuando al fin llegó con esa persona, pudo observar perfectamente la bondad que se desbordaba de su rostro, su mirada era tan linda que de inmediato aliviaba de cualquier mal que pudiera sentir el alma. Se veía envuelto en una luz muy intensa que no lastimaba a los ojos, por el contrario, invitaba a la mirada a reposar en ella. Su ropa era blanca, más blanca que el marfil, su bastón de un negro intenso sólo comparable al color de su cabello y las manos del hombre aquél se asomaban por entre los pliegues de su ropa. Ese hombre le habló al Redondo con voz dulce pero firme y le dijo: "He aquí y ahora que una hermosa niña ha sido escondida en una concha. Se trata de una niña tan dulce como el néctar de las flores y tan ligerita como el aleteo de la mariposa... Deberás encontrarla y cuidarla mucho; búscala muy bien cerca del mar y sumérgete tantas veces como sea necesario en ese mar llamado vida, hasta que la hayas encontrado. No olvides, sin embargo, que el resultado no está en la recompensa, sino en el esfuerzo realizado bajo la mirada de Dios... así que anda y descubre si es posible hallarla con los ojos del alma muy abiertos". De pronto sentí una gota de sudor recorrer mi frente y me desperté emocionado... estaba solitario en la tranquilidad de la noche y una tenue luz entraba desde la calle hasta mi cama...
Transcurrió un largo rato entre meditaciones y reflexiones profundas... ¿quién sería esa niña tan celestial de la que hablaba el hombre de blanco? ... ¿qué debía hacer para encontrarla...? ¿cómo la reconocería...? ¿sabría ella quién soy...? La dificultad para encontrar respuestas me fue llevando lentamente, sin que yo pudiera notarlo, a un nuevo sueño... y el Redondo se quedó dormido y he aquí lo que esta vez soñó:
Me encontraba a bordo de una balsa, en medio de un mar tranquilo... el sol caía a plomo y hacía languidecer a todo ser viviente que en ese instante estuviera bajo su inmenso poder. La espuma blanca del salado océano, salpicaba mis brazos a cada nuevo impulso que le daba a los remos. De pronto una suave brisa empezó a tocar mi rostro, y más tarde sentí granitos de arena muy finos adherirse a mis brazos humedecidos por la espuma. Me di cuenta de que había entrado en una hermosa bahía, donde el mar parecía estar aún más tranquilo; las aves habían notado ya mi presencia y volaban en graciosos círculos acompañando mi desembarque con sus dulces trinos. Cuando al fin logré atar la balsa a una palmera que reposaba cerca de la playa, me encaminé hacia el mar hasta que ya no pude sentir la arena con mis plantas; tal ves unos veinte metros más adentro vi en mi sueño cómo me sumergía en busca de algo desconocido. Sólo burbujas de aire se miraban en torno al lugar en que me hundiera... y mucho tiempo había pasado y yo no salía. Una angustia indescriptible empezó a apoderarse de mí, cuando para fortuna mía me observé nuevamente en la superficie. ¡Tenía una conchita en mis manos! Comprendí finalmente lo que estaba haciendo en ese lugar, mas sin embargo, fue indescriptible mi tristeza al ver que lo único que había dentro de esa concha era una perla. La perla más maravillosa que mis ojos hubieran observado, no obstante que cualquier hombre habría delirado de felicidad por tan majestuoso hallazgo, el Redondo llenó sus ojos de lágrimas porque buscaba algo infinitamente más valioso... y fue así, con ese sobresalto, que volvió a despertar.... y pudo ver la luna brillando maravillosamente en medio de la noche... y las estrellas parecían comprender su sueño y se quedaron muy calladitas mientras las observaba, mas cuando me volví a mi cama, las escuché hablar entre sí y decirse: ¡cuánto daría ese muchacho, tal vez hasta su vida, por encontrar la conchita con la niña más dulce!...
Y nuevamente sucedió que envuelto en sus propios pensamientos y reflexionando en las palabras de las estrellas y en el por qué las flores más bellas crecen junto a los precipicios y los árboles más pequeños y perfectos viven en el fondo de las cañadas. Fue así que nuevamente el Redondo se quedó dormido... y soñó... y esto fue lo que soñó:
Creyó que se encontraba en un bosque. El olor a tierra mojada era indescriptible, el musgo verde crecía en las bases de los altos árboles. El canto de las aves era diferente al que había escuchado en la playa, ahora era más robusto ese murmullo... sí, más bien era así, como un murmullo de cantos de diferentes pajarillos. Aunque el aire corría muy fresco, no hacía frío... aunque los rayos del sol se colaban por en medio de las ramas, no hacía calor. Así caminaba el Redondo, cuando empezó es escuchar una melodía encantadora... caminaba y la música le parecía más bella... caminaba y la música le parecía más cálida... caminaba y le parecía que estaba más cerca. Anduvo por mucho rato, tratando de dar con el origen de esa melodía, hasta que de pronto se encontró perdido, en lo más profundo de ese bosque. La melodía era sencilla, sonaban exquisitos los violines, se repetía el tema central una y otra vez, mostrando en cada nueva repetición bellezas sonoras que al principio ni siquiera se sospechaban. Al fin, di con el origen de la música, en medio de los arbustos se encontraba una traviesa ardilla, en cuyas peludas manitas se encontraba la concha más pequeña que se hubiera visto... ¿qué hacía en medio del bosque? no lo sé... mis sueños no se han caracterizado por ser muy congruentes con la realidad... pero juro que ahí estaba. Desde luego traté de acercarme al animalito, pero apenas advirtió mis intenciones, corrió veloz hacia su morada, en lo alto de un arbolito de tamaño mediano. Ahí fue donde por fin, colocó la concha cerca de otro de sus tesoros, una graciosa cascarita de nuez que algún turista distraído dejó caer al caminar por esa senda. Así fue pues, que desperté de este tercer sueño, con una sonrisa en el rostro... Aún no aparecían totalmente los rayos del sol, ni desaparecían por completo las estrellas, así que entre sonrisas y lagrimitas de felicidad me volví a quedar dormido... soñando por cuarta vez, y esto fue lo que miré:
Me encontré nuevamente en el mismo lugar celestial, aquél en que las huellas parecen borrarse al retirar el pié; aquél lugar en donde el tiempo parece detenerse y se respira el aire más puro y limpio que jamás se imaginara el hombre. Caminé sin saber a dónde dirigirme, mas mis pasos ya iban guiados por alguien superior y no podían perderse. Caminaba siendo guiado por mi Pastor, por caminos delicados... junto a aguas de reposo... me guiaba por sendas de justicia por amor a Su Nombre... y recordé las palabras más bonitas que me han dicho, palabras que ningún hombre quizá habría podido encontrar más hermosas que yo... Al fin llegué con el mismo viejito del sueño primero. Y esto fue lo que me dijo: "Has tenido la dicha de encontrar la conchita... ahora, dependerá de tí que se conserve en tu corazón. Deberás ser bueno y cuidarla mucho, porque es única y especial". Entonces mi rostro palideció y mis manos temblaron, sentí miedo de perderla y sufrí mucho en un instante; pero él me miró y sonriente me hizo saber que la conocí porque Dios sabía que podría cuidarla y en mi confía. Finalmente desperté y agradeciendo de todo corazón a Dios, bendije el nombre de esa niña y me prometí cuidarla mucho, para que siempre desee hablar conmigo....
Así fue como en una sola noche realicé el viaje más maravilloso de mi vida, la noche en que me pude conocer más a mí mismo y la noche en que adoré con más devoción a Dios, pues había aprendido que vale más la conchita que la perla, los sentimientos que las riquezas, los sueños que las cosas materiales. Y ahora sé que por eso la flor crece cerca del abismo y el árbol más perfecto en el fondo de la cañada, porque se necesita mucho valor para ir a tomarlos. Y cuando uno finalmente se anima a tocarlos con las manos, se da cuenta de que jamás les podría hacer daño y solo se es capaz de pedir bendiciones y cosas buenas para ellas.... y cuidarles como el tesoro más maravilloso que se pueda tener.... y así cuidaré de esa conchita que he soñado por tanto tiempo....
Con toda la ternura del mundo:
El Redondo que te soñó.... y que mucho te quiere.
Adán

5 Comments:
Os juro que me he quedado con el ojo en la yaya, el corazon se me salio un momento y creo que debo haber llorado un poquito.... me has llevado a vivir en el sueño, me has hecho conocer la fantasia.... me has enamorado... ¡sois los maximo! Felicidades Nohemi!
Que bonito, eso es lo mas tierno y bonito que he leido, me ha transportado a un mundo de sueño, me hase valorar mucho mas a mi familia, a mi pareja... se que el tal vez nunca haria una pagina asi o que nunca me escribiria cosas asi de hermosas, pero a su manera tiene tambien detalles maravillosos y lo amo. Gracias al cielo hay personas como tu adan y a ti Nohemi, te digo algo: tienes a un gran, gran hombre a tu lado... felicidades a los dos, amense hasta la muerte.
Hola Adan
Eres tan lindo, tan romantico... me encanto q he disfrutado todo el dia con esto, lo he leido y leido muchas veces, esta es la historia mas bonita q he leido, eres muy tierno... si Nohemi te hase algo, se las tendrá q ver conmigo (y con mis amigas q de seguro en cuanto lean tu carta igual se enamoraran de ti.. je! no te creas, broma :P) Besitos!!!
Eres increible... indescriptible, eres tan adorable, tan bueno, tan romantico, tan inocente, tan tierno... eres todo lo que se puede soñar en un hombre, creelo lo tienes todo, no se como seras cuando estas con ella, pero te imagino tan calmado, tan en paz con todos, se me hace tan irreal todo en el buen sentido, se siente una sensasión de mariposeo en el estomago, yo no se como ella puede sentir si yo me transporto a lugares tan divinos de solo leerte... que sueño debe ser tenerte a su lado...
Hola Adan
esta cartita es muy tierna y megusta mucho, apenas y puedo imaginar q alguien piense cosas tan bonitas por su novia. Que bueno que tu la amas a ella y ella a ti porque en serio que se puede transmitir por tus palabras todo eso que tu sientes. a mi como te he dicho me hasen tanto bien tus cartas, tan tiernas, la verdad me encantan. Mira, este es mi correo, apenas lo abri y ojala q me pudieras escribir un dia, te mande mi telefono por correo tambien y una foto, porque me gustaria entablar amistad contigo. cuidense mucho los dos
flor
Chetumal, Q.Roo
florecita1989@hotmail.com
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