El conejo Nicolás...
Pensaba el conejo Nicolás mientras caminaba y cantando muy contento se animaba. Repetía en su canto el tremendo encanto que tenia la simpática coneja Ana Maria, con la cual soñaba noche y día, pues al recordar su linda naricita, Nicolás sí que reía: ¡Hay que ver lo bien que se movía la nariz de la coneja Maria!. Y tratando de apurar el tranco, a pesar de ir caminando, se veía sonriente pues su corazón estaba diferente y no le importaba ni un comino su lindo y veloz triciclo que por descuidado y acalorado, sin saber perdió por el camino... hello con tu vida, conejo... ¡pronto! ¡un boli de zanahoria para ayudarlo con su memoria...!"¡Qué bonito es estar enamorado!, tengo el corazón entusiasmado y si la coneja María acepta mi proposición, mañana mismo será buena ocasión para nuestra linda unión. Dos copitas de licor para la gran recepción y en la entrada muchas flores, como buena decoración".
El camino se hacía tan largo y en la cabeza llevaba un encargo. "Me traes un kilo de zanahorias bien lindas y unos caramelitos para mi"- le dijo la conejita Nohemí- que aparte de ser su hija adorada, cocinaba con sazón como de hada. Un poco de rico pan, le encargó el redondo conejo Adán "pues en casa no me dan mas que hojuelas y cereal, que ya pensándolo bien no sabe nadita mal". "A mí me traes una bolsa de algodón"-le encargó su hijo, el conejo gordinflón llamado de cariño Roy- y un ramo de blancas margaritas encargaron sus nietas las conejitas.
Cuando ya faltaba poco y la ansiedad lo volvía loco, recordó que la coneja María le había dicho el otro día. "La próxima vez que vengas a verme, sin en tus brazos quieres tenerme, sólo una cosa a cambio debes traerme: una bella canción al oído y al instante me enamorare, con suerte".
¡De repente ella estaba al frente!, sin aviso apareció, el pobre conejo Nicolás titubeó, recordó lo de la petición y entonó improvisando esta canción: "Querida coneja Ana María, yo quiero decirte en este día, que tu pelo es suave como algodón y tu colita blanca como margarita, que adoro tus labios de zanahoria y me importa poco si estas bodria... tus ojitos caramelitos, son tan tiernos y bonitos, que si tu me los quieres dar y con ellos el conejo Nicolás deseas mirar, te convidaré de mi hogaza de pan... Te lo canto con el corazón, esperando que te emociones con mi canción y si tú aceptas mi amor, yo te prometo por mi honor, un cariño inmenso y fuerte, hasta que nos separe la muerte",
Desde ese día en adelante, el conejo Nicolás se convirtió en cantante. Su cantar es muy galante: escribe lindas canciones que relatan sus emociones y por si pocos fueran sus dones, les diré que el escucharlo adelgaza a los panzones y a los flacos desnutridos los convierte en comelones. Canta también en sus ratos amargos, sacando ideas coquetas ¡de todos nuestros encargos!
Dedicación especial para la más maravillosa esposa que un hombre puede tener:
Nohemí Lara Corona
PD: ¡Feliz cumpleaños suegro!

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