Carta a los Reyes Magos...
Queridísimos Reyes Magos:

Alguien me dijo que ya no valía, pero... ella sabe que sí vale... así que les escribiré muy confiado en que conseguirán lo que quiero, pues ustedes son tan buenos como mi niña Nohemí, tan sabios como el Rey Salomón y tan mágicos que con facilidad pueden transformarse de estrella a persona y de persona a estrella; a ustedes confío la grandeza de mi deseo y con todo el corazón les escribo. Me he portado bien, saben... he recibido este año que pasó la bendición más grande de mi vida: encontré al ser más lindo y tierno, a la pequeña más encantadora y buena del mundo... al fin queridos Reyes, he hallado la felicidad completa porque estoy enamorado. Es por eso que me atrevo... con todo el amor de mi corazón... a pedir lo que nunca antes había querido... y me atrevo a rogarles me regalen una cosa maravillosa, tan difícil de encontrar que sólo recurro a ustedes porque conozco de su bondad y los amo... y porque a nadie más me atrevería a solicitarle cosa semejante. Yo... bueno... la verdad es que... ¡Santo Dios, qué difícil...! =( bueno... =( sucede que yo quiero... =( ... =( unos pequeños zapatitos rosados... ... ... ...... ... ¿acaso puedo saber por qué esa carita...? =( ¿acaso nadie les había solicitado unos zapatitos como yo...?..... ¡¡¡pues no...!!! ¡CLARO QUE NO...! ...... =( ... Los zapatitos muy rosados que yo pido han de ser muy especiales... sí, aja... así como lo pensaron... yo los quiero que sean hechos por el duende zapatero...... aquél que le ha ayudado a Santa Claus a confeccionar los mejores zapatitos de muñeca... ¡¡¡cómo...!!! ¿acaso no saben de qué les hablo...? Dios... creo que deberé contarles y ponerles al tanto de todo cuanto ha pasado... pues es natural que ustedes, tan ocupaditos que están por tantas cartas, se hayan perdido los programas de la noche y me temo que no hayan visto el noticiario de las 10:00 PM en el que todo mundo se entera de los chismes del espectáculo más sonados................. Sí, lo sé.... hello con mi vida... ya, no tienen que decirlo tan fuerte, olvidé que este tipo de cosas nunca salen en los noticiarios de la tele... =( En fin, les contaré:
Sucede que hace algún tiempo, faltaba muy poco para Navidad y los duendes de Santa trabajaban como cada año felices y cantando villancicos, pero esta vez, estaban algo atrasados en la elaboración de los juguetes... y es muy normal, pues Santa tuvo la gran idea de invitarlos al espectáculo de luces de colores que se observa en el Polo Norte cada fin de milenio y, desde luego, los pequeños duendecitos acabaron tan desvelados y rendidos que no eran capaces ni de calentar una tortilla, si acaso se los hubieran pedido...
Pues bien, Santa estaba un poco nervioso y decidió pedir ayuda al Rey de los Duendes y solicitar refuerzos. “Necesito que me envíes 50 duendes jugueteros lo antes posible” –le dijo- "cada año llegan más niños al mundo y mis duendes son los mismos de siempre". Rápidamente el rey de los duendes llamó sus aprendices pero sólo eran 49 y con la idea fija de cumplir la petición de Santa incluyó en el grupo al duende Baltasar que era duende zapatero y pensó “si Balty (que así es como le solían decír sus amigos) puede hacer buenos zapatos, podrá hacer también buenos juguetes”.
Salieron estos 50 duendes muy felices a trabajar a la fábrica de juguetes en el Polo Norte, llevaban ropa abrigada, herramientas y provisiones... muuuuuuchas provisiones, jejeje... porque han de saber que es imposible trabajar sin tener lo suficiente para atarantar a las lombrices de la panza y menos si el frío está tan... bueno, tan... intenso, ajá, esa es la palabra que se me estaba escapando. Pues sí... los otros duendes los recibieron felices, especialmente porque estaban cansados y preocupados de no alcanzar a terminar los pedidos de todos los niños del mundo.
Pero a pesar de eso miraron con recelo y desconfianza a Baltasar, notaron enseguida que no era un duende juguetero: para empezar tenía unas vistosas y brillantes alas (los jugueteros no tienen alas, ¡hello... Santa!), sus mejillas muy rosadas, era muy pequeño y tenía la punta de sus zapatos enroscadas. Además los jugueteros tienen grandes y delicadas manos y Baltasar tenía manitas pequeñas y maltratadas por el uso del martillo. Pero él los miraba sonriente y orgulloso por haber sido asignado a una tarea tan linda como es hacer juguetes para los niños. Rápidamente cada departamento, el de los autos de carreras, las muñecas, los trenes, pelotas, bicicletas y patines se asignaron estos duendes recién llegados, pero nadie le pidió ayuda a Baltasar... =(
Se acercó a los duendes que hacen muñecas y le preguntó “¿puedo ayudar?”, ellos respondieron muy secamente “no necesitamos la ayuda de un duende zapatero, este es un trabajo delicado y no podrías hacerlo, no tienes experiencia”. Entonces se acercó a los duendes que alegremente hacían autos y trenes, ellos ni siquiera lo miraron, sólo le dijeron “no gracias, no te necesitamos”... ouch... =( Hizo un último intento con los duendes que fabrican bicicletas y patines. Ellos le dijeron que ya no había espacio para más duendes en el taller... =( X2 ¡qué desesperación del pobre Balty...!
Entonces por primera vez sintió que no era bienvenido y que los demás duendes lo rechazaban sin saber si realmente podía ayudar en algo. Se sentó frente a la gran chimenea de la casa, de pronto a su lado estaba Santa observándolo y le preguntó “¿Qué sucede Baltasar?”, él sin ningún ánimo de provocar problemas a los duendes le contó por qué estaba tan triste... "Ellos no me quieren, creen que por ser un duende zapatero no hay lugar para mi en este bello lugar... quiero a la orejona de mi mami.... buaaa..." aja, síp... él se puso a llorar... y Santa Claus se desesperó un poco, pues no hallaba qué hacer...
Entonces Santa tomó cariñosamente su pequeña manito y le dijo “Ven, sígueme y le daremos una buena lección a esos duendes orgullosos...” Durante los días previos a navidad y entre tanto trabajo, agitación y nerviosismo nadie notó la ausencia de Baltasar, sólo se veía a las horas de comida y claro, no le preguntaban qué hacía tantas horas encerrado en su pequeña habitación. Pero aún así él se veía feliz y radiante... no, no... esas no son las palabras... mejor dicho, se le veía ¡SÚPER...!
Y así transcurrió todo, hasta que llegó el gran día y cuando faltaba poco para poner los juguetes en el trineo. Santa, como hace cada año, llamó a sus duendes para agradecerles el gran esfuerzo y dar las últimas instrucciones antes de partir. Todos estaban allí, felices y agotados, incluyendo a Baltasar con su gorro multicolor y sus zapatos enroscados. Entonces Santa dijo: “Este año ha sido especialmente agotador para todos, niños de todo el mundo nos escriben y nos piden un juguete el cual hacemos entre todos con am
or y esmero, agradezco a los nuevos duendes jugueteros que nos han ayudado, a todos, pero especialmente al duende zapatero Baltasar”, recién en ese momento lo recordaron y extrañados lo buscaron entre la multitud.... "ohhh..." era lo que más se escuchaba entre la muchedumbre de gorritas verdes... "es cierto, es cierto... por ahí andaba Balty... Yo lo ví por aquí hace unos días... jejejeje, pero con suerte se quedó dormido y como 'mucho ayuda el que no estorba' por eso Santa lo quiere balconear con sus palabras... jijijiji..." en serio, así pensaban muchos... pero...
Fue entonces que ante la mirada atónita de todos los presentes Santa hizo abrir una gran caja que nadie había notado entre las demás. Al abrirla salió de ella un destello de colores brillantes y luminosos que por un segundo encegueció a todos. Luego aquél brillo dio paso a una sorpresa insospechada: había en esa caja cientos de hermosos zapatitos de muñeca, de todos colores, adornados con lentejuelas, cintitas, cordones de seda, algunos eran de bellísimas telas únicas y delicadamente bordadas, también había zapatitos labrados con lindos motivos florales, muchos diseños, muchas y novedosas formas y estilos... Nadie decía palabra, había en esa víspera de navidad el silencio más extraño que jamás se sintió en todo el polo norte… se oyó entonces una potente voz “ ¡JO JO JO! ¡Pero qué cara tienen mis queridos duendes jugueteros!, vamos, agradezcan a Baltasar que ha trabajado día y noche para que este año nuestras muñecas luzcan más hermosas que nunca!”. Después agregó: “Espero que hayan comprendido que un duende zapatero también puede ser de gran ayuda en este lugar, sólo era necesario detenerse a pensar con buena voluntad y sin prejuicios cómo podía ser útil. Todos tenemos diferentes aptitudes y dones que con trabajo pueden hacer realidad hasta los sueños más lejanos”. Así, los duendes aprendieron que no se debe juzgar a las personas simplemente con mirarlas, o peor aún sin siquiera verlas... y que muchas veces la persona a la que se juzga mal, resulta que es la que te quiere y la que haría cosas lindas por tí o por tu hermana... ¿por tu hermana dije...? ... ¡de nuevo hello con mi vida, no sé en lo que estoy pensando... pero es que estoy enamorado!
Avergonzados se acercaron a Baltasar, uno a uno le pidieron disculpas y él siempre sonriente a todos abrazó con cariño. Luego pusieron a cada muñeca su par de hermosos zapatos y cargaron el
trineo que esa noche de Navidad no sólo llevaba los juguetes de los niños, llevaba también el esfuerzo y empeño de un pequeño y alado duende que sólo quería ser aceptado y valorado por su trabajo y sus capacidades. Pero he aquí que al final de tanto alborto, Baltazar sacó de su trajecito, un par de rosados zapatitos... los más bonitos que había hecho, los de tamaño más perfecto y sí, queridos Reyes Magos, esos son los que quiero yo... justo esos que sobraron son los que yo quiero, porque los necesito para la muñeca que pidió mi niña, porque la amo y quiero que luzca angelical como merece.... y si acaso no fui bueno en este año... les ruego me perdonen, pero les prometo que me esforzaré lo doble, por amor a la pequeña de mi vida... que es realmente el más grande deseo que el Cielo me ha concedido.

Alguien me dijo que ya no valía, pero... ella sabe que sí vale... así que les escribiré muy confiado en que conseguirán lo que quiero, pues ustedes son tan buenos como mi niña Nohemí, tan sabios como el Rey Salomón y tan mágicos que con facilidad pueden transformarse de estrella a persona y de persona a estrella; a ustedes confío la grandeza de mi deseo y con todo el corazón les escribo. Me he portado bien, saben... he recibido este año que pasó la bendición más grande de mi vida: encontré al ser más lindo y tierno, a la pequeña más encantadora y buena del mundo... al fin queridos Reyes, he hallado la felicidad completa porque estoy enamorado. Es por eso que me atrevo... con todo el amor de mi corazón... a pedir lo que nunca antes había querido... y me atrevo a rogarles me regalen una cosa maravillosa, tan difícil de encontrar que sólo recurro a ustedes porque conozco de su bondad y los amo... y porque a nadie más me atrevería a solicitarle cosa semejante. Yo... bueno... la verdad es que... ¡Santo Dios, qué difícil...! =( bueno... =( sucede que yo quiero... =( ... =( unos pequeños zapatitos rosados... ... ... ...... ... ¿acaso puedo saber por qué esa carita...? =( ¿acaso nadie les había solicitado unos zapatitos como yo...?..... ¡¡¡pues no...!!! ¡CLARO QUE NO...! ...... =( ... Los zapatitos muy rosados que yo pido han de ser muy especiales... sí, aja... así como lo pensaron... yo los quiero que sean hechos por el duende zapatero...... aquél que le ha ayudado a Santa Claus a confeccionar los mejores zapatitos de muñeca... ¡¡¡cómo...!!! ¿acaso no saben de qué les hablo...? Dios... creo que deberé contarles y ponerles al tanto de todo cuanto ha pasado... pues es natural que ustedes, tan ocupaditos que están por tantas cartas, se hayan perdido los programas de la noche y me temo que no hayan visto el noticiario de las 10:00 PM en el que todo mundo se entera de los chismes del espectáculo más sonados................. Sí, lo sé.... hello con mi vida... ya, no tienen que decirlo tan fuerte, olvidé que este tipo de cosas nunca salen en los noticiarios de la tele... =( En fin, les contaré:
Sucede que hace algún tiempo, faltaba muy poco para Navidad y los duendes de Santa trabajaban como cada año felices y cantando villancicos, pero esta vez, estaban algo atrasados en la elaboración de los juguetes... y es muy normal, pues Santa tuvo la gran idea de invitarlos al espectáculo de luces de colores que se observa en el Polo Norte cada fin de milenio y, desde luego, los pequeños duendecitos acabaron tan desvelados y rendidos que no eran capaces ni de calentar una tortilla, si acaso se los hubieran pedido...
Pues bien, Santa estaba un poco nervioso y decidió pedir ayuda al Rey de los Duendes y solicitar refuerzos. “Necesito que me envíes 50 duendes jugueteros lo antes posible” –le dijo- "cada año llegan más niños al mundo y mis duendes son los mismos de siempre". Rápidamente el rey de los duendes llamó sus aprendices pero sólo eran 49 y con la idea fija de cumplir la petición de Santa incluyó en el grupo al duende Baltasar que era duende zapatero y pensó “si Balty (que así es como le solían decír sus amigos) puede hacer buenos zapatos, podrá hacer también buenos juguetes”.
Salieron estos 50 duendes muy felices a trabajar a la fábrica de juguetes en el Polo Norte, llevaban ropa abrigada, herramientas y provisiones... muuuuuuchas provisiones, jejeje... porque han de saber que es imposible trabajar sin tener lo suficiente para atarantar a las lombrices de la panza y menos si el frío está tan... bueno, tan... intenso, ajá, esa es la palabra que se me estaba escapando. Pues sí... los otros duendes los recibieron felices, especialmente porque estaban cansados y preocupados de no alcanzar a terminar los pedidos de todos los niños del mundo.
Pero a pesar de eso miraron con recelo y desconfianza a Baltasar, notaron enseguida que no era un duende juguetero: para empezar tenía unas vistosas y brillantes alas (los jugueteros no tienen alas, ¡hello... Santa!), sus mejillas muy rosadas, era muy pequeño y tenía la punta de sus zapatos enroscadas. Además los jugueteros tienen grandes y delicadas manos y Baltasar tenía manitas pequeñas y maltratadas por el uso del martillo. Pero él los miraba sonriente y orgulloso por haber sido asignado a una tarea tan linda como es hacer juguetes para los niños. Rápidamente cada departamento, el de los autos de carreras, las muñecas, los trenes, pelotas, bicicletas y patines se asignaron estos duendes recién llegados, pero nadie le pidió ayuda a Baltasar... =(Se acercó a los duendes que hacen muñecas y le preguntó “¿puedo ayudar?”, ellos respondieron muy secamente “no necesitamos la ayuda de un duende zapatero, este es un trabajo delicado y no podrías hacerlo, no tienes experiencia”. Entonces se acercó a los duendes que alegremente hacían autos y trenes, ellos ni siquiera lo miraron, sólo le dijeron “no gracias, no te necesitamos”... ouch... =( Hizo un último intento con los duendes que fabrican bicicletas y patines. Ellos le dijeron que ya no había espacio para más duendes en el taller... =( X2 ¡qué desesperación del pobre Balty...!
Entonces por primera vez sintió que no era bienvenido y que los demás duendes lo rechazaban sin saber si realmente podía ayudar en algo. Se sentó frente a la gran chimenea de la casa, de pronto a su lado estaba Santa observándolo y le preguntó “¿Qué sucede Baltasar?”, él sin ningún ánimo de provocar problemas a los duendes le contó por qué estaba tan triste... "Ellos no me quieren, creen que por ser un duende zapatero no hay lugar para mi en este bello lugar... quiero a la orejona de mi mami.... buaaa..." aja, síp... él se puso a llorar... y Santa Claus se desesperó un poco, pues no hallaba qué hacer...
Entonces Santa tomó cariñosamente su pequeña manito y le dijo “Ven, sígueme y le daremos una buena lección a esos duendes orgullosos...” Durante los días previos a navidad y entre tanto trabajo, agitación y nerviosismo nadie notó la ausencia de Baltasar, sólo se veía a las horas de comida y claro, no le preguntaban qué hacía tantas horas encerrado en su pequeña habitación. Pero aún así él se veía feliz y radiante... no, no... esas no son las palabras... mejor dicho, se le veía ¡SÚPER...!
Y así transcurrió todo, hasta que llegó el gran día y cuando faltaba poco para poner los juguetes en el trineo. Santa, como hace cada año, llamó a sus duendes para agradecerles el gran esfuerzo y dar las últimas instrucciones antes de partir. Todos estaban allí, felices y agotados, incluyendo a Baltasar con su gorro multicolor y sus zapatos enroscados. Entonces Santa dijo: “Este año ha sido especialmente agotador para todos, niños de todo el mundo nos escriben y nos piden un juguete el cual hacemos entre todos con am
or y esmero, agradezco a los nuevos duendes jugueteros que nos han ayudado, a todos, pero especialmente al duende zapatero Baltasar”, recién en ese momento lo recordaron y extrañados lo buscaron entre la multitud.... "ohhh..." era lo que más se escuchaba entre la muchedumbre de gorritas verdes... "es cierto, es cierto... por ahí andaba Balty... Yo lo ví por aquí hace unos días... jejejeje, pero con suerte se quedó dormido y como 'mucho ayuda el que no estorba' por eso Santa lo quiere balconear con sus palabras... jijijiji..." en serio, así pensaban muchos... pero...Fue entonces que ante la mirada atónita de todos los presentes Santa hizo abrir una gran caja que nadie había notado entre las demás. Al abrirla salió de ella un destello de colores brillantes y luminosos que por un segundo encegueció a todos. Luego aquél brillo dio paso a una sorpresa insospechada: había en esa caja cientos de hermosos zapatitos de muñeca, de todos colores, adornados con lentejuelas, cintitas, cordones de seda, algunos eran de bellísimas telas únicas y delicadamente bordadas, también había zapatitos labrados con lindos motivos florales, muchos diseños, muchas y novedosas formas y estilos... Nadie decía palabra, había en esa víspera de navidad el silencio más extraño que jamás se sintió en todo el polo norte… se oyó entonces una potente voz “ ¡JO JO JO! ¡Pero qué cara tienen mis queridos duendes jugueteros!, vamos, agradezcan a Baltasar que ha trabajado día y noche para que este año nuestras muñecas luzcan más hermosas que nunca!”. Después agregó: “Espero que hayan comprendido que un duende zapatero también puede ser de gran ayuda en este lugar, sólo era necesario detenerse a pensar con buena voluntad y sin prejuicios cómo podía ser útil. Todos tenemos diferentes aptitudes y dones que con trabajo pueden hacer realidad hasta los sueños más lejanos”. Así, los duendes aprendieron que no se debe juzgar a las personas simplemente con mirarlas, o peor aún sin siquiera verlas... y que muchas veces la persona a la que se juzga mal, resulta que es la que te quiere y la que haría cosas lindas por tí o por tu hermana... ¿por tu hermana dije...? ... ¡de nuevo hello con mi vida, no sé en lo que estoy pensando... pero es que estoy enamorado!
Avergonzados se acercaron a Baltasar, uno a uno le pidieron disculpas y él siempre sonriente a todos abrazó con cariño. Luego pusieron a cada muñeca su par de hermosos zapatos y cargaron el
trineo que esa noche de Navidad no sólo llevaba los juguetes de los niños, llevaba también el esfuerzo y empeño de un pequeño y alado duende que sólo quería ser aceptado y valorado por su trabajo y sus capacidades. Pero he aquí que al final de tanto alborto, Baltazar sacó de su trajecito, un par de rosados zapatitos... los más bonitos que había hecho, los de tamaño más perfecto y sí, queridos Reyes Magos, esos son los que quiero yo... justo esos que sobraron son los que yo quiero, porque los necesito para la muñeca que pidió mi niña, porque la amo y quiero que luzca angelical como merece.... y si acaso no fui bueno en este año... les ruego me perdonen, pero les prometo que me esforzaré lo doble, por amor a la pequeña de mi vida... que es realmente el más grande deseo que el Cielo me ha concedido. Atentamente la bolita color rosa que se observa desde arriba... mi niña suele llamarme con amor "Redondo".
PD ¡no confundirme con los dulces de canela y cascaritas de naranja que se comen en estas temporadas...!

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