"Bueno, ¿y tu qué...?"
Me he puesto a pensar qué le diría a mi suegra si de pronto tuviera la fortuna de tenerla enfrente... no sé si la abrazaría o si le hablaría primero... Yo imagino que ella es una señora que impone mucho con su presencia, la imagino como una señora de una personalidad muy fuerte. Alguna vez escribí una detallada descripción de mi esposa, y no me refiero a la parte física, sino a la espiritual... al ser humano. Sé que muchas de esas cosas que aquella vez pensé se aplicarían perfecto a ésta gran señora, pero... me temo que muchas otras no tanto y otras más serían completamente nuevas y diferentes. Verdaderamente la imagino como un ser fascinante, con la fuerza de una fiera y la ternura de una paloma... conjugadas ambas a la vez.La primera ocasión que hablé con ella recuerdo perfectamente su saludo... fue fuerte... muy fuerte... yo diría que hasta rudo: me dijo "Bueno y tú qué...", y no la culpo, pues de pronto se encontraba hablando con alguien desconocido que pretendía ser el novio de su hija... aunque en realidad ya lo había pretendido y logrado un par de meses atrás, pero hasta ese momento era que ella, mi esposa amada, me había autorizado a hablar con su mamita. No sé por qué no me quedé callado... seguramente fue un instante de mucho valor, en el que saqué fuerza de quién sabe dónde, porque le contesté lo que preguntaba y me presenté ante ella lo más franco que pude. ¡¡¡Y es que no había mucho que decir...!!! simplemente que era yo la persona que había encontrado en Mimi a la persona perfecta y que se encontraba enamorado lo suficiente para enfrentar una tormenta... o dos... o tres tormentas juntas. Y yo ya quería a mi suegra... mas la sentía extraña, muy lejana todavía. Yo jamás había mirado a sus ojos y temía que no fuera a convencerla con mis palabras... La misión que tenía era difícil: debía primeramente presentarle a un desconocido, decirle que ese sujeto amaba a su hija y finalmente convencerla de que aquél extraño, sin aún haberla mirado, le amaba a ella también. Por fortuna todo eso era muy cierto y, afortunadamente también, las palabras salen con mayor facilidad cuando se habla con la verdad. Recuerdo vivamente su primera risa... no sé si se la provocó mi nerviosismo o lo descabellado de mi objetivo, no sé si se reía porque decía que le quería o porque tenía nervios de que no mereciera a su hermosa hija o le hiciera daño... no lo sé, pero sea como fuere eso me dio confianza y entonces pude escucharla con más entusiasmo... pude disfrutar sus palabras y con ello sus historias... anécdotas más bien... en las que me fue describiendo, poquito a poco, el carácter de cada uno de sus hijos. ¡¡¡También me describió a mi niña...!!! Y me dijo cosas que por pena no le pude contestar que ya sabía. Al final de todo, ella me dijo algo muy lindo, que no voy a olvidar nunca en mi vida: "Dios te bendiga, Adán... te amo porque tú me quisiste a mi primero" y entonces me hizo llorar... no sé si se daría cuenta o no... pero éste que les escribe se puso sentimental... y lloró... porque significaba que aquella linda señora, con toda su dureza y con todo lo que su corazón había tenido que resistir a través de los años, me aceptaba y se sentía segura de que su hija sería amada y respetada por mi... y eso me hacía sentir como en las nubes... ya no era un extraño, ni me tenía que esconder de nadie... podía decirles a todos que su mamita me había aceptado y tenía el permiso para abrazar a su hija... y aún más: que su mamá había dicho que me amaba y había descubierto, con su mágica sabiduría de madre, que su yerno la amaba también.

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